Debemos
reflexionar sobre su valor educativo y sobre los efectos
negativos que tienen en los jóvenes que están
en situaciones de riesgo pues bajo el comportamiento adictivo
normalmente subyacen problemas más profundos a
los que hay que dar respuesta.
Los jóvenes que
se encuentran en situación de riesgo son aquellos
que han crecido en un ambiente familiar poco propicio
para su desarrollo, que poseen una baja autoestima y que
tienden a huir de un mundo adulto que les resulta hostil
refugiándose en mundos irreales.
Los adolescentes parecen
ser firmes candidatos a sufrir este tipo de dependencias
porque se encuentran en un periodo en el que deben adaptarse
a numerosos cambios físicos y emocionales.
Muchos jóvenes
recurren al teléfono móvil o a los chats
de Internet porque son incapaces de aceptar su imagen
corporal. Con estas tecnologías pueden distorsionarla
y convertirse en el yo ideal que la sociedad reclama.
Este comportamiento les
impide desarrollar sus habilidades sociales, les hace
hipersensibles a los juicios y acrecienta sus sentimientos
de inseguridad. En estos casos la familia debe prestar
atención a los primeros signos de alarma que se
asocian al comportamiento adictivo, como son la tendencia
al aislamiento, la ruptura de las relaciones sociales,
el fracaso escolar o la agresividad.
Las claves para superar
este tipo de dependencias pasa por solucionar los problemas
de base, fomentar la comunicación familiar, restablecer
la confianza con los padres y los amigos y aceptar la
imagen corporal, que es uno de los factores que más
contribuyen a la adicción.

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