A lo largo del siglo XX han ocurrido
un sin fin de acontecimientos que han marcado la historia del
mundo, desde avances tecnológicos, que lo han ayudado
a su desarrollo, hasta acontecimientos sociales como, la Primera
y Segunda Guerra Mundial, El uso y tráfico de Drogas,
los Movimientos Feministas.....
Durante éste siglo se ha destacado de manera especial
la figura de la mujer, esto es porque así como afecta
y cambia cualquier aspecto de la vida y la sociedad, se afecta
y cambia a la mujer; y en sentido opuesto cuando se cambia o
afecta a la mujer, se ve afectada la sociedad. A pesar que en
el pasado no se reconocía la importante participación
de la mujer en todos los campos sociales. Hoy reconocemos que
ha estado insertada en todos los ámbitos.
Como prueba de ello, podemos ver las palabras o los temas
más manejados en las conferencias internacionales, y
la mayoría tiene una relación directa con la mujer
: libertad, derechos, salud reproductiva, aborto, familia....
Esto ha sido porque buena parte de la historia del mundo y
de las sociedades, la mujer fue considerada como inferior al
hombre, con menor inteligencia y dignidad. En el mundo antiguo,
la discriminación de la mujer llegó hasta límites
que ahora nos resultan difíciles de imaginar.
Es en el siglo XX, en el que la mujer ha alcanzado sus más
grandes logros que no poseía, como el derecho a la educación,
al trabajo, a elegir sus propios gobernantes, en muchos casos,
los puestos de gobierno son ocupados por mujeres, ha ganado
el derecho a expresarse y ser escuchada por la sociedad y el
derecho a gobernar sobre su sexualidad, aunque esto implique
ir en contra de su propia naturaleza.
En éste punto es donde resulta difícil de entender
el por qué la mujer, después de haberse liberado
de tantas opresiones, sigue aún insatisfecha reclamando
su libertad. Es verdad que ha alcanzado grandes victorias; sin
embargo, muchos de los pasos dados para esta supuesta liberación
la han llevado, en ocasiones, a una mayor esclavitud.
La mujer ha perdido, luchado y obtenido del hombre algo de
su masculinidad, perdiendo, a cambio, las más veces,
lo esencial de su feminidad. Cuesta trabajo entender qué
es lo que la sigue haciendo sentir esclavizada. La mujer sigue
reclamando su libertad. Parece ser que ahora busca liberarse
de su propia naturaleza y de la estructura de la familia en
la que siempre ha estado insertada. Resulta difícil de
entender el por qué de la mujer por separarse de la vida
familiar la cual es uno de los marcos de realización
más plenos de su vida privada.
Para muchas mujeres, la familia se ha convertido en una opresión,
porque no permite la “libertad” en el mundo del
trabajo. La opresión social es quien la ha convencido
que sólo en el trabajo la mujer logra su realización
plena.
Para otras mujeres el opresor es el varón que, dentro
de la familia, la domina sexualmente; y para liberarse, han
optado por el divorcio, las uniones de hecho, la homosexualidad,
las medidas antinatalistas y la promoción del sexo a
todos los niveles. Pero, ¿no convierte esto a la mujer
en una esclava al servicio de más de un varón,
quien tendrá cada vez menor responsabilidad delante de
ella?
Estamos delante de una mujer insertada en todas las esferas
de la vida de nuestra sociedad, pero aún no se siente
satisfecha y realmente libre. Una mujer que aún no sabe
quién es y hacia dónde debe dirigirse en el nuevo
milenio.
La mujer sólo logrará su realización siendo
ella misma y afirmando sus valores femeninos. El hombre y la
mujer son iguales en dignidad y derechos pero encarnan sus ser
persona de modo diferentes, por lo tanto son complementarios.
La realización de la mujer vendrá no de cambiar
su propia naturaleza, sino en la medida que se lleve a plenitud
la propia feminidad.
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